“El buen empresario crea el futuro de su empresa, diseña el GPS de la organización a través de la visión, anticipándose a las nuevas demandas”
  • Dialogamos con Ignacio Campoy sobre los fundamentos de la visión, misión y valores en el ámbito de la empresa

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Imagen de archivo de una entrevista anterior de Mercados21 con Ignacio Campoy

¿Qué habilidades y conocimientos distinguen a un empresario? ¿Hay una o muchas formas de serlo? ¿La abundancia de tejido empresarial es una cuestión social y cultural? Conversamos de manera distendida sobre estas cuestiones y otras de gran relevancia con Ignacio Campoy, experto en liderazgo y equipos de trabajo.

Tal vez piense que vamos a empezar por un tópico, pero no deja de ser una cuestión obligada. ¿El empresario nace o se hace?

Es cierto que es una pregunta que siempre está ahí, que permanece y ha sido objeto continuo de estudio. Nacemos con un determinado temperamento, que puede ser más o menos proclive al liderazgo, a ejercer de líder. Es decir, que, sin pasar por ningún tipo de escuela, hay personas que desde la niñez muestran ciertas cualidades que las predisponen a liderar. ¿Es suficiente con ello? ¿Aseguran estos rasgos iniciales el ejercicio del liderazgo en el futuro? Sí es posible, pero hay que seguir trabajándolo, hay que perfeccionarlo.

Antes de la revolución industrial y de la universalización de la escuela, en el largo período que podemos denominar como de economía artesanal, las destrezas y la mejora procedían de la observación, de la imitación del maestro por parte de los aprendices. Con el salto que se produjo con la industrialización, la perfectibilidad se trabaja, estudia y prepara en la escuela, las universidades y el resto de instituciones académicas con las que contamos.

Y esto que nos explica, ¿habilita para que cualquiera pueda ser empresario o hay que tener un determinado bagaje, cualidades específicas?

Una manera fiable para detectar y analizar cuáles son los ingredientes de la receta para ser empresario, es ver y observar qué hacen y cómo lo hacen. Hay que tener en consideración que la propia figura del empresario evoluciona. Considero que estamos en una nueva etapa de empresa humanista, en la que se contrata por propósito, y que supone una evolución con respecto al trabajo en cadena que ha dominado desde la Revolución Industrial. En cualquier caso, sí considero que todo empresario se caracteriza por tener tres cualidades concretas.

En primer lugar, debe estar orientado a la consecución del objetivo, trazando un camino claro para conseguirlo, siendo lógicamente rentable y satisfaciendo las necesidades sociales. En segundo lugar, tiene que ser capaz de activar y poner en marcha la parte cognitiva/racional con el fin de ser un buen monitor y evaluador de las distintas áreas de la empresa, y analizar bien qué es lo importante tanto para la organización como para los stakholders. Y, por último, debe contar con una alta componente de visión, es decir, de saber dónde se encuentra la compañía hoy y dónde la quiere llevar mañana. Para ello hay que saber qué propósito se quiere cumplir, qué misión se quiere llevar a cabo. En definitiva, construir el GPS del futuro de tu empresa, crear ese futuro anticipando qué demanda la sociedad, el mercado, las personas.

Ha mencionado el capitalismo humanista, ¿de verdad está calando, tomando tanta importancia esta parte humanista dentro de las empresas, dentro del tejido productivo?

De manera fáctica se está produciendo un giro muy importante a la vertiente humana de las organizaciones. Las empresas que tendrán éxito en el futuro, ya hoy está sucediendo, serán las más humanas. Son aquellas que apuestan por el talento de sus profesionales, multiplican su conocimiento gracias al conocimiento colectivo de cada uno de sus integrantes. Cada vez es más importante autoconocerse, ser más conscientes y entender qué quieres para tu vida, o qué quieres que sea tu vida. Como dice el dicho, lo que sale del corazón, llega al corazón y ahí reside gran parte de la verdad de cualquier persona o profesional. Un buen líder debe conocerse y tener muy en cuenta todo esto. Esta es una evolución que irá a más y cada vez tendrá más relevancia dentro de las empresas y corporaciones. A mi juicio, es un camino irreversible.

Las empresas que tendrán éxito en el futuro serán las más humanas. Las que apuestan por el talento y multiplican su conocimiento gracias al conocimiento colectivo

Esto demanda habilidades y conocimientos de comunicación muy relevantes por parte del líder.

La comunicación es básica y fundamental. Además, lo es a distintos niveles. Lo es a nivel intrapersonal, de manera interna. Un líder con quien más habla es consigo mismo, en un diálogo continuo. En esta faceta es donde se trabaja el autoconocimiento, con herramientas de personalidad, de inteligencia emocional, de refuerzo de fortalezas frente a debilidades y con mucha psicología positiva.

Pero como somos seres cooperativos y sociales, también hay que pulir y cultivar la comunicación interpersonal. Será difícil tener una buena comunicación con los otros, si no me hablo bien a mí mismo. La comunicación es un factor de una relevancia extraordinaria en las organizaciones, y nuestra actividad dependerá de cómo fluya. La comunicación destruye barreras y derriba lugares estancos y, en gran medida, es responsable de que estemos pasando de organizaciones jerárquicas verticales, a estructuras más horizontales y adhocráticas.

Supongo que en una organización más comunicativa se entiende mejor el error. Usted es de los que recuerda que, aunque hay que celebrar los éxitos, es más importante prestar atención a los fracasos. Háblenos de ello.

Cuando alguien imagina una empresa, ya está idealizando cómo será. Es decir, visualizamos cómo nos gustaría que fuera antes de constituirla, y tendemos a suponer que todo va a ser un camino de rosas, cómo conducir por una autopista. Pero la realidad se encarga de situarlo todo en su lugar, y desde la constitución misma de la empresa empiezan a surgir dificultades y problemas. El error es intrínseco al emprendimiento. Y si soy capaz de aprender de estos errores y voy subsanándolos conseguiré crecer como empresa.

Buena muestra de ello son las corporaciones más longevas. El ciclo vital de una empresa es paralelo al de la vida humana: nace, crece, madura y entra en declive. Porque la empresa no es un ente etéreo o aislado, forma parte de la vida. Aquellas que consiguen perdurar en el tiempo lo hacen porque activan mecanismos de resiliencia que les permite extender su ciclo vital, reinventándose, renaciendo, aprendiendo de cada nuevo desafío. La gran pregunta es: ¿debemos considerar el error como fracaso permanente? Bajo mi punto de vista debemos cambiar la mirada y el enfoque. ¿No será mejor pensar que todo lo que nace ya es un éxito en sí mismo? Seguramente, si fuésemos más consciente de esto, nos iría mejor.

De este modo habría más segundas oportunidades y veríamos al empresario con otros ojos…

La imagen, prestigio y valor social del empresario no es igual en todas las culturas y países. Por ejemplo, en Europa nada tiene que ver la consideración del empresario en los países del centro y norte (protestantes) con los del sur (católicos). Un buen empresario genera riqueza para toda la sociedad. Debemos preguntarnos a quién le ha interesado durante tanto tiempo en España dar una visión negativa, casi de ladrón o pirata, de la misión empresarial.

En gran medida se ha buscado tapar esta realidad con el auge de la figura del emprendedor, que bajo mi punto de vista es una etiqueta marketiniana del autónomo. Podemos definir al autónomo como alguien que tiene un negocio. El empresario hay que definirlo como alguien que tiene un sueño llamado empresa. No podemos olvidar que emprender es aventurarse, iniciar algo, pero no necesariamente tiene por qué ser empresario. Si todos los emprendedores fuesen empresarios, ¿dónde quedarían entonces los intraemprendedores?

¿Estamos, por tanto, ante un problema social?

La sociedad da oportunidad de ser empresario a cualquier persona que se lo proponga de verdad. A aquél que invierta en hábitos, propósitos, habilidades y empeño en llegar a serlo. Nada tiene que ver la figura real del empresario con alguien que da un pelotazo. No se puede generalizar. El empresario es alguien que tiene un sueño y lo persigue. Va a su búsqueda. Las empresas son el reflejo de la sociedad en la que operan. Lo importante es ser congruentes con tus valores, con tus ideas, con tus propósitos y ponerlos en marcha, ejecutarlos.

¿A qué retos y amenazas se enfrenta el empresariado andaluz?

La clase política debe hacerse la siguiente pregunta: ¿se está facilitando el desarrollo, crecimiento e internacionalización de las empresas? ¿Se está haciendo todo lo posible para que las startups se conviertan en auténticas empresas? No comparto esa idea, ese mantra de que en Andalucía no existe cultura empresarial. Claro que existe. De hecho, estamos en el podio por número de empresas tras Madrid y Cataluña.

Lo que debemos es hacerlo más visible y facilitar instrumentos para que perduren, siendo conscientes de que las empresas con propósito tienen más probabilidades de perdurar. Andalucía reúne extraordinarias condiciones para atraer inversiones y poner en valor todas sus potencialidades. Tenemos grandes empresas y profesionales en muchos sectores: construcción, turismo, energía, tecnología o formación, por citar mi sector. España es líder en elearning. Tenemos grandes oportunidades que debemos aprovechar como sociedad, e incrementar la actividad en todos estos sectores en los que somos buenos.

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