Jorge Arévalo: Competitividad y Formación Profesional, un concepto diferente
Jorge Arévalo.Artículo de opinión de Jorge Arévalo, exviceconsejero de Formación Profesional del Gobierno Vasco
Artículo de opinión del exviceconsejero de Formación Profesional del Gobierno Vasco, Jorge Arévalo.
En la actualidad no conocemos con precisión cuál va a ser el nuevo marco que se va a ir creando en un futuro más o menos próximo, una vez superada la crisis actual. Intuimos que se van a producir intensas transformaciones que van a obligar a repensar muchas de las cosas existentes hoy en día y a evolucionar en gran medida nuestro modelo productivo actual. Se vislumbra un futuro diferente, poco conocido y casi nada definido. Un escenario en el que la creación sostenida de valor va a ser una característica indispensable con la que podamos abrir nuevas oportunidades de crecimiento, de empleo cualificado y de bienestar social.
Nos vamos a enfrentar a constantes transformaciones que van a conformar un modelo de sociedad diferente, que producirán profundos cambios estructurales con un nuevo equilibrio, mucha complejidad y posiblemente demasiada incertidumbre. Pero una cosa sí sabemos: la importancia que van a adquirir las personas en el desarrollo de todos estos cambios. Porque, entre otras cosas, el conocimiento, la creatividad y el talento lo tienen y lo desarrollan las personas. Y esas personas que conforman nuestra sociedad son las que van a abrir en mayor o menor medida los nuevos caminos innovadores que necesitaremos en el futuro.
La sociedad debe avanzar y desarrollarse, la economía necesita crecer, la empresas necesitan ser más competitivas y las personas precisan estar más preparadas y cualificadas. Y en todo ello la Formación Profesional va a jugar un papel estratégico. El 65% de los puestos de trabajo de las empresas españolas requieren de un título de Formación Profesional. Eso supone que, en gran medida, la competitividad de las empresas depende de este nivel de formación, una formación que tiene el reto de ampliar y desplegar sus actividades en campos diferentes a los actuales.
Porque la necesidad de cambios profundos no hace más que acentuar la necesidad de la formación y del conocimiento, no sólo como elemento de avance social, de mejora de la competitividad, de seguro para el empleo y de desarrollo de la economía, sino para no perder el tren de la innovación y el cambio. Nuestros sectores productivos deben y necesitan innovar y cambiar para conseguir productos, procesos y servicios diferentes, mejores y más competitivos y necesitan además el apoyo y el dinamismo de los centros de Formación Profesional. Centros que, en colaboración con otras organizaciones, irán estableciendo un liderazgo y un propósito bien definido y que trabajarán, entre otros, en tres ámbitos fundamentales: el ámbito de la creación de valor, el ámbito de la innovación y la mejora y el ámbito de la estrategia y los valores.
Además, las personas que conforman el capital humano de nuestras empresas tendrán que adquirir altas capacidades de aprendizaje, estar actualizadas en su conocimiento y saber resolver problemas complejos. A la Formación Profesional le toca buscar, entre otras cosas, un nuevo equilibrio entre el desarrollo de los conocimientos, las capacidades de aprendizaje y las aptitudes para resolver problemas. Es decir, desarrollar la competencia profesional articulando la formación y la experiencia y no sustituyendo una por otra.
Las consecuencias de los cambios que debe asumir la Formación Profesional y la manera en que debe afrontar los mismos, requieren una profunda modificación estructural interna que responda a nuevos objetivos, nuevos métodos y nuevos sistemas organizativos. Debemos reforzar el trabajo en red, potenciar la creatividad en nuevos proyectos, desarrollar nuevas actividades innovadoras, apoyar firmemente a las empresas, en especial a las pymes, y avanzar sin miedo por caminos diferentes que sirvan para el avance de nuestra sociedad, además de orientar con garantías y cualificar con eficiencia a nuestra población activa.
Debemos aprender a no desaprovechar las oportunidades que nos dan la apertura, el desarrollo y la consolidación de espacios de colaboración para mejorar e innovar, tanto en las empresas como en los centros de formación profesional. La puesta en marcha de diferentes redes conseguirá que avancemos en la creación de valor como proceso fundamental en el ámbito de la competitividad, estableciendo amplios entornos inteligentes en nuestro tejido productivo y en nuestros centros.
No debemos olvidar que las empresas van a ir integrando formación, producción, mejora e innovación de forma global en su quehacer cotidiano. Y es, desde esta perspectiva, en donde nuestros los profesionales van a tener que acreditar una clara mejora de la competencia no sólo técnica, si no también de las competencias básicas y de las transversales, en las que la mejora y el equilibrio entre las componentes cultural, científica y tecnológica va a ser fundamental. Eso supone una carga de responsabilidad muy importante para el sistema educativo y, en especial, para la Formación Profesional.
Una Formación Profesional cohesionada y coherente en su organización, que optimice todos los recursos disponibles, que trabaje pegada a las necesidades de las personas y de las empresas, que integre unos centros fuertes y comprometidos con su trabajo. Unos centros que sean una referencia, que trabajen en red, que cooperen entre ellos y den sentido a la unión FP-Empresa y se establezcan como motor de lo que ya se ha convertido en nuestro lema: “La fuerza de la FP”.



